Un día cero (o 0-day) es una vulnerabilidad que el fabricante del software aún no conoce y para la que, por tanto, no existe parche. El nombre viene de que los desarrolladores han tenido "cero días" para arreglarla. Es el fallo más valioso que existe: quien lo conoce puede atacar sistemas actualizados y protegidos, porque nadie sabe todavía que la puerta está abierta.
Su peligro está justo ahí: contra un día cero, las defensas habituales —"ten todo actualizado"— no sirven, porque no hay actualización que aplicar. Por eso estas vulnerabilidades se cotizan carísimas, tanto en el mercado legal (programas de recompensas) como en el ilegal, y son la herramienta favorita de los actores más avanzados.
¿Significa esto que estamos indefensos? No del todo. Aunque no puedas parchear lo que no conoces, sí puedes reducir el daño: defensa en profundidad (varias capas, para que un solo fallo no lo comprometa todo), monitorización para detectar comportamientos raros aunque no sepas la causa, principio de mínimo privilegio, y segmentación de redes. La idea es que, aunque un atacante entre por una rendija desconocida, no pueda llegar lejos.
El ciclo de vida de un 0-day es fascinante: alguien lo descubre, se usa o se reporta, el fabricante publica un parche… y en ese momento deja de ser un "día cero" para convertirse en un "día N", una vulnerabilidad conocida que muchos, por no actualizar, siguen sin cerrar durante años. Por eso una parte enorme de la seguridad no es magia contra 0-days: es, simplemente, actualizar a tiempo.
Este concepto le da nombre a esta sección, Día Cero: nos gusta mirar la seguridad desde el filo, donde todavía no hay respuestas.